Ana María de Soto

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Es en España donde ante la necesidad de proteger los buques que iban y volvían del nuevo mundo Carlos I decide embarcar a la infantería de manera continua, ofreciendo así una guarnición fija en los barcos con experiencia y formación de combate. El 27 de febrero de 1537 da la orden de embarcar a soldados de los Tercios presentes en Nápoles pero es Felipe II el que les da la operatividad en tierra y mar “concediéndoles” el estatus de fuerza de desembarco de manera que crea la primera infantería anfibia del mundo. Durante su historia grandes hombres sirvieron entre sus filas, incluido el mismísimo Miguel de Cervantes que con fiebre se lanzó a combatir junto con sus compañeros en Lepanto. Pero no es a un gran hombre al que queremos recordar ahora si no a una grandísima mujer, Ana María de Soto.

Uniformidad de la infanteria de marina española en 1717

Nace en torno a 1777 en Aguilar de la Frontera en Córdoba, hija de unos humildes panaderos el destino parecía que le auguraba un destino similar, pero con 16 años, el 27 de junio de 1793, llega a San Fernando (Cádiz) y se enrola en la infantería de marina española. Disfrazada de hombre y bajo el nombre falso de Antonio María de Soto es destinada a la 6 compañía del 11 batallón de Infantería de Marina.

Batalla de Cabo San Vicente

Embarca en la fragata Mercedes que formaba parte de la escolta del Escorial de los mares, el buque Santísima Trinidad. Es en la Mercedes donde, durante cuatro años, Ana María forja una buena imagen antes sus compañeros y sus superiores. Durante las guerras revolucionarias francesas la Mercedes puso rumbo al mediterráneo para defender la plaza de Rosas dado que los franceses avanzaban casi sin impedimento habiendo ya tomado Figueras sin resistencia. La defensa de rosas se convierte en su primera acción de combate y aunque la resistencia fue feroz se perdió la plaza. Tras la participación mediterránea, años más tarde, en 1797, la Mercedes asignada a una flota mayor y con el Santísima Trinidad como buque insignia pone rumbo al Atlántico a detener la flota del Almirante británico John Jervis. Finalmente las dos flotas se encuentran en Cabo San Vicente y la escuadra española es derrotada, incluso se está a punto de perder el Santísima Trinidad. Tras una de las batallas mas duras de la Armada española Ana María de Soto es destinada a una nueva fragata, la Matilde, que también había participado en la Batalla de Cabo San Vicente. Ana María de Soto enferma entonces gravemente con unas fiebres altísimas y es entonces cuando descubren su verdadera identidad. En aquella época que una mujer fuera militar era algo impensable, es obligada a desembarcar y expulsada de la Armada.

Uniformidad permitida a Ana Maria de Soto

La armada da parte al mismo rey Carlos IV para que determinara la pena a cumplir por saltarse la ley y lejos de llegar un castigo llegó una recompensa, se le otorga a Ana María de Soto el rango de Sargento Mayor de la Armada y se le permite lucir las insignias y la uniformidad militar adaptada para una mujer en su ropa de diario, así como una pensión de dos reales diarios vitalicios y una licencia para regentar en Montilla un estanco, licencia que el sucesor de Carlos IV, Fernando VII, revocó. Finalmente como suele pasar en España, héroes y heroínas suelen acabar en la sombra de la historia y prácticamente olvidados.

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