El día ha comenzado (Parte 2)

Síguenos en:
0

Un grupo de zapadores se esforzaba al pie de la empalizada, movían lo azadones rítmicamente y sin pausa debajo de una pequeña galería con ruedas que se había empujado hasta allí. Flechas, venablos y todo tipo de armas arrojadizas erizaban el techo, un líquido viscoso empezó a gotear de improviso, uno de los zapadores nota que un chorro de líquido negruzco cae sobre su cabeza, se palpa y observa sus dedos manchados, no le da tiempo ni a gritar cuando todo se incendia, los agujeros producidos por las armas punzantes han permitido que la galería al completo arda, tanto por encima como en el interior. Hombres en llamas salen gritando de su interior mientras los aguadores intentan apagarlos ellos y a la galería.


El legado patea la tierra con rabia.

-Mi yelmo, que se preparé la primera cohorte, iré yo mismo.

-Domine…-el agregado que los senadores le habían asignado respondió con timidez- su deber es con todo la legión… arriesgarse personalmente no… es… adecuado.

El legado le dirige una mirada de soslayo y con paso firme se dirige hacia donde forma la primera cohorte todavía fuera del alcance de las flechas y hondas enemigas.


Marcio sudaba como nunca en su vida, sacudía su brazo derecho intentando relajar el ardor que le atenazaba el hombro. Volvía a encontrarse en tercera fila, el resto de descanso le había venido bien pero se le había hecho muy corto. Una jabalina impactó fuertemente en su escudo, sobresaltado dió un respingo, la punta había traspasado el escudo así que no le quedó más remedio que partir el asta que sobresalía. Nuevo toque de silbato y otra vez avanza de fila. Parece que la marea de bárbaros no tiene fin, saben que si la cohorte asegura la brecha toda la legión entrará en la aldea. En un parpadeo el silbato vuelve a trinar y Marcio se sitúa de nuevo en primera línea, no le da tiempo casi ni a formar cuando le llega la primera estocada, el cansancio pesa y aunque consigue desviar la larga espada enemiga con su gladio cuando el bárbaro retira su arma consigue cortar en el brazo, la ira producida por el dolor invade a Marcio y golpea con el canto del pesado escudo romano la cara de su oponente, dientes y sangre vuelan, lanza el gladio al pecho desnudo del bárbaro que con un estertor se derrumba. Marcio ha roto filas, fuera de la formación está vendido, la cólera y la ira le han cegado, y sabe que la cohorte no avanzará a buscarle. Se defiende como un animal y se ha convertido en el centro de un torbellino al que cada vez que se acerca un enemigo cae abatido.


El legado avanza con la primera cohorte hacia la brecha abierta en la empalizada, en ella su legión se ha estampado contra un muro de carne pero parece que hay progresos al fin. En lo alto del terraplén producido por el desprendimiento de los maderos un legionario ha abierto un hueco y el solo se enfrenta a una horda de bárbaros. “Maldito loco” piensa, pero no puede dejar de admirarlo, la acción de ese hombre ha desmoralizado a los defensores y van perdiendo terreno por fin…

Primera Parte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Translate »