La Batalla de Maratón

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Amanece y sobre la arena de la playa descansan las panzas de trirremes y barcos de transporte. Entre los poderosos navíos, soldados y marinos se afanan en descargar pertrechos, caballos y armas. Llevan cinco días desembarcando material y aún queda el grueso de la caballería persa y gran parte de su infantería. Están confiados, a pesar de la ingente cantidad de material y hombres que quedan aún en los barcos cuentan con una impresionante superioridad numérica sobre sus enemigos. Poco más de 10.000 atenienses y platenses se encuentran acampados cerrando la salida a tierra adentro, pero frente a 15.000 infantes persas ya desembarcados y 10.000 más en los buques, parece que poco pueden hacer. Pero contra todo pronóstico, y para la sorpresa de los persas, los griegos se encuentran desplegados para el combate y avanzan…

Pero, ¿cómo hemos llegado a este día?. El rey persa Dario I busca controlar las rutas y fuentes de aprovisionamiento griegas, además del comercio del oro de los Urales que controlaban los escitas. Para ello busca alianzas con las ciudades griegas de Asia Menor. A pesar de varias derrotas contra los escitas en diversas expediciones el ejército persa se libra del desastre. Poco a poco las alianzas acaban siendo auténtico dominio persa. Macedonia reconoce a Dario como señor en el 513 a.C. y Samotracia en el 508. Incluso Atenas solicita la alianza con Persia. En el 499 a.C. a pesar de que el dominio persa respeta las costumbres de sus satrapias, el descontento por los impuestos y con los tiranos locales, que no son más que meros títeres de Dario (sátrapas), prende y las ciudades jónicas, incluso algunas que habían sido incorporadas al imperio por Ciro II y llevan casi medio siglo bajo su yugo, se sublevan. Atenas envía apoyo a las ciudades jónicas, tanto militar como económico. Aún así Dario en seis años aplasta la rebelión y se decide a castigar a las ciudades griegas que apoyaron a los rebeldes.

Dario recluta un ejército de 25.000 infantes y entre 1.000 y 1.500 caballos, y prepara una flota de 200 trirremes y 400 barcos de transporte, según Heródoto. Promete a Hipias, antiguo tirano ateniense, ser restituido en el poder tras la toma de Atenas. Hipias había sido desterrado en el 511 a.C. y había corrido a la corte persa a refugiarse.

Con el consejo de Hipias se decide desembarcar en una playa a unos 40 km de Atenas. Los griegos se mueven rápido, liberan a gran parte de sus esclavos, que son armados con hondas y jabalinas, y movilizan a sus hoplitas. En total juntan unos 9.000 hombres. Envían a Filipides a Esparta que recorre los 246 km que separan ambas ciudades en dos días. Esparta promete ayuda a Atenas pero su ejército no puede marchar antes de diez días, puesto que se encuentran en las fiestas Carneas y Esparta no guerrea durante ellas. Solo Platea responde rápidamente y envía unos 1.000 hombres para apoyar a los atenienses. Los griegos marchan rápido y llegan justo a tiempo para bloquear el camino de salida de la playa a los persas. Ambos ejércitos acampan a la espera de que el enemigo mueva ficha. Tanto para los griegos como para los persas cada minuto que pasa sin batallar es oro. A los primeros les interesa para que lleguen los espartanos cuya habilidad en combate podría decantar la batalla fácilmente. Para los segundos es tiempo en el cual desembarcar equipo y tropas, necesitan su caballería y de su velocidad y maniobrabilidad puesto que los griegos carecen de ella.La noche del cuarto día los diez Strategos, uno por cada tribu ateniense, se reúnen y deciden atacar. El mando supremo del ejército griego al día siguiente lo ostentaría Milciades, pero la estrategia a seguir, en ocasiones, se le atribuye a Temistocles.

Al amanecer del quinto día las tropas griegas forman en una línea. Los persas solían formar con su infantería en el centro de manera que los flancos quedan para la caballería, pero debido a que aún no disponen de esta en un número suficiente y las tierras pantanosas limitan la llanura de Maratón ofreciendo un terreno farragoso y difícil en el cual la caballería se desenvuelve mal, forman en línea. La infantería de proyectiles, armada con arcos y protegida por escudos de mimbre fijados al suelo, forma al frente y la infantería cuerpo a cuerpo detrás. A su vez sitúan su cuerpo de élite, los inmortales, en el centro junto con el resto de la infantería pesada como suele ser costumbre. Colocan la infantería media y ligera en los flancos. Esta formación solía ser su orden de batalla estándar para la infantería. Los persas tuvieron tiempo de sobra para prepararse desde que vieron al ejército griego y ambos ejércitos formaron a apenas 8 estadios (1,5 km). Los Strategos griegos habían previsto bastante bien el despliegue persa y su línea contrariamente a lo que nos dictaria la lógica había sido deliberadamente debilitada en el centro y reforzada en los flancos, que tenían más profundidad.

Los generales persas comienzan a cambiar el rumbo de los barcos que todavía no han desembarcado a sus tropas y enfilan ruta directa a Atenas que se encontraba desguarnecida al estar todos sus guerreros en las llanuras de Maratón y tenía pinta de que iban a estar un buen tiempo entretenidos allí.

Los griegos avanzan al paso, un contingente formado en su mayor parte por infantería pesada, protegidos por una armadura y escudo de bronce y armados con lanzas basan su fuerza en el conjunto y en la fuerza de la formación en falange. A unos 400 metros comienzan a trotar. A 200 metros entran en el radio de acción de los arcos persas y del cielo empiezan a llover saetas. Para estar el menor tiempo posible bajo el castigo de las saetas persas aceleran el ritmo y levantan los escudos para protegerse. Con los pulmones encendidos la distancia con el enemigo disminuye rápidamente y a unos 50 metros aparece el primer error persa, sus grandes escudos impiden a los arqueros tirar en horizontal y el ritmo rápido de la carga griega se convierte en un sprint furioso bajo 20 kg de protección que con la adrenalina disparada parecen menos. El choque brutal de los hoplitas acorazados contra la armadura ligera de las tropas de proyectiles persas solo tiene un resultado posible y la fuerza del envite es apenas disminuido. La infantería a distancia persa es aplastada casi literalmente y los hoplitas se estrellan contra la infantería cuerpo a cuerpo. La batalla se convierte en un combate enconado, cercano, de acero contra carne.

En el centro los hoplitas griegos se conforman con aguantar a las tropas de élite persas, cuando un hombre de la falange cae, otro le sustituye, cuando un inmortal cae, otro ocupa su lugar. Las fuerzas están igualadas. A pesar de la aparente ventaja de equipo y táctica griega los hoplitas no dejan de ser ciudadanos comunes que un par de veces al año cogen su equipo y entrenan durante unos días. Quien tienen en frente son un cuerpo militar profesional el cual tenía lista de espera para pertenecer a él. Así pues, el centro griego se hunde ligeramente.

En los flancos la historia era bien distinta, la superioridad numérica persa del centro en los flancos no existía y además el equipamiento griego era superior. La infantería pesada griega arrasó a la infantería ligera y media persa cuya moral tampoco es que fuera de la más alta del ejército persa, pues eran levas. El centro persa avanzaba y sus flancos se hundían profundamente, metiéndose en una bolsa. A los griegos les había salido una maniobra envolvente perfecta y no llegan a cercar completamente al enemigo, que tenía un pequeño hueco por el que escapar, de esta manera los griegos se aseguran de que las esperanzas del enemigo se centren en huir y no en luchar hasta la muerte. Al verse rodeados las tropas ligeras persas ponen pies en polvorosa y los esclavos liberados griegos se lanzan en persecución incluso a través de las marismas. Sin los flancos las tropas pesadas persas pierden su efectividad y los hoplitas griegos giran sobre ellos, la suerte está echada y la batalla decidida en menos tiempo de los previsto. Los persas se dispersan y huyen, los griegos inician una caza de cabezas, las tropas ligeras griegas se desatan. Mientras los hoplitas se lanzan a por los trirremes varados en la orilla. Con los persas en fuga y masacrados y el resto de la flota rumbo a Atenas los griegos se reagrupan y comienzan el regreso a Atenas a marchas forzadas con todo el equipo, deben llegar a la ciudad desprotegida antes que el enemigo. Dejan en Maratón a dos de las tribus para asegurar el terreno.

Llegan a Atenas casi a la vez que la flota y se apresuran a ocupar puestos de defensa. Los persas al ver que llegan tarde cambian de rumbo y se retiran. Se cuentan 6.400 cadáveres persas en el campo de batalla, pero hay un gran número de desaparecidos en las marismas. En contrapartida apenas hay 200 caídos griegos. La derrota persa es total pero siendo un gran imperio, Dario casi acto seguido comienza la preparación de una campaña nueva, más ambiciosa aún, morirá antes de poder llevarla a cabo pero será su hijo Jerjes el que tomará el relevo.Los espartanos llegaron, sin mucha prisa, unos días más tarde, se limitaron a felicitar a atenienses y platenses y regresaron a Esparta con la misma prisa que llegaron a Maratón.

 

La victoria en Maratón fue una victoria ideológica y simbólica que se sigue conmemorando hoy día con la prueba de atletismo que lleva el nombre del campo de batalla. Simboliza el triunfo de la joven democracia griega sobre la tiranía, donde la voluntad de unos pocos pueden con la de un gran señor y su gran imperio.

Heródoto, contrariamente a lo que la gente cree, nunca atribuye la gesta de la carrera hasta Atenas a Filipides, pero si su diligencia en acudir a Esparta para pedir ayuda.

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