La Batalla de Qadesh

La batalla de Qadesh no es, evidentemente, la primera batalla de la humanidad, de hecho se han descubierto campos de batalla de épocas muy anteriores. Pero si es la primera batalla documentada. En ella las fuerzas de Ramsés II se enfrentaron a un ejército hitita en las proximidades de Qadesh en el 1274 a.C, en lo que hoy es Siria.

Los reinos de Egipto y Hatti llevaban casi 200 años de enfrentamiento mutuo, Hatti había ocupado el lugar del Gran Reino de Mittani, Egipto había visto el conflicto entre Hatti y Mittani desde la barrera, con cierta pasividad. Las tres naciones habían luchado por el control de la Siria durante muchos años, por lo que Egipto dejaba a sus rivales enfrentarse entre ellas y desgastarse. Egipto y Mittani habian llegado a un acuerdo de paz en 1418 a.C. y junto con el surgimiento del reino Asirio, los hititas solo podían conformarse  con ser una potencia menor y ejercer de estado satélite de las tres grandes potencias. Fue en el 1380 a.C. cuando con la entronización de Suppiluliuma como rey de Hatti todo cambia. El nuevo rey hitita se lanza a una campaña de expansión arrebatando a Mittani el control de Alepo, Tunip, Nuhashshe y Alalakh. Poco después Mittani contraataca intentando recuperar sus antiguos reinos vasallos pero es rechazada y los hititas saquean la misma capital del otrora Gran Reino de Mittani.Akenatón (Amenophis IV) estaba más preocupado por el crecimiento del reino Amorreo a costa de sus fronteras y de sus reinos vasallos que de las desavenencias entre hititas y el reino de Mittani. Pero Qadesh se revela contra el poder egipcio y se declara vasallo de Hatti, asimismo los hittitas negocian una alianza con los amorreos, Akenatón tiene ahora un problema serio, se le acumulan los enemigos. Egipto ataca intentando devolver al redil a Qadesh pero fracasa en su campaña. Cuando Akenatón y su hijo (o medio hermano, no esta claro) Tutankamón mueren Egipto se ve gobernada por tres dictaduras militares seguidas, hasta la llegada al poder de Seti I. Seti retoma Qadesh pero en su empresa de “destruir Amurru y Qadesh” ,como dice literalmente su monumento en Karnak, no tiene éxito. Con su hijo Ramsés segundo las cosas cambian de nuevo. Tras la tregua con Seti I, Amurru había pasado a ser vasallo de Hatti, pero las guerras diplomáticas que mantienen Egipto y Hatti hacen que Amurru abandone el yugo de Hatti lo que los hititas ven como una traición y mandan una nueva delegación a Egipto a negociar pero las negociaciones no llegan a buen puerto y estalla la guerra.

Los dos ejércitos eran muy parecidos, compuestos por una fuerza principal de carros de combate respaldados por infantería. Los carros hititas eran para tres aurigas, un conductor, un lancero y un escudero. Como el ejército hitita era una conglomeración de las fuerzas de los estados vasallos de Hatti solo una pequeña parte de los carros eran de tres tripulantes, organizándose la mayoría como los carros egipcios, de dos tripulantes, uno era el conductor y el otro usaba tanto el arco como armas de combate cercano. La infantería para los hititas no era más que el apoyo de sus carros, iban armados con espadas en forma de hoz y hachas de bronce, y lucían una variedad de uniformes acorde a sus lugares de origen. Los hititas consiguieron formar un ejército de entre 40.000 y 50.000 infantes y 3.700 carros. El ejército egipcio se componía de 4 fuerzas de combate compuestas por 4.000 infantes y 500 carros de guerra, para la batalla se estima que Egipto contaba con entre 16.000 y 20.000 hombres y 2.000 carros de guerra. Mientras que los hititas basaban su estrategia en el uso masivo de los carros usando los carros pesados como punta de lanza y confiando en la masa para aplastar y desbaratar la formación enemiga para que la infantería avanzara detrás dando el golpe de gracia, los egipcios confiaban en el uso combinado de infantes y carros en rápidas y ágiles maniobras para desbaratar al enemigo. Así como el ejército hitita estaba a menudo basado en levas en Egipto el ejército era un salida y escape al estancamiento social, pudiendo ascender y obteniendo suculentas soldadas y recompensas por el servicio como la entrega de tierras al licenciarse.

Así pues, Ramsés, marcha hacia Siria tomando la ruta de Gaza, pero los 4 cuerpos de ejército irían por caminos separados. Eso que parece extraño pudiera ser una práctica habitual de la época para evitar emboscadas que derrotaran a toda la fuerza. El primer cuerpo (Amón) y el segundo (P’Ra) marcharon siguiendo el río Orontes mientras que el tercero (Seth) y el cuarto (Ptah) lo hicieron por rutas paralelas entre el río y el mar. Ramsés también contaba con la llegada de un cuerpo auxiliar de amorreos partidarios de la causa egipcia llamados ne’arin. Se especula sobre quienes eran los ne’arin siendo la teoría de los amorreos la más aceptada también se piensa que fuera un cuerpo de ejército más. La víspera de la batalla el cuerpo Amón cruza el Orontes de sur a norte y avanzan por territorio que consideraban propio, dado que muchos veteranos que habían servido en las campañas de Seti conocían el terreno. El resto de los cuerpo seguía al primer cuerpo a un día de distancia aproximadamente. La vanguardia captura a dos beduinos que confiesan ante Ramsés que el ejército hitita todavía se encontraba muy al norte de la posición que se esperaba por lo que el faraón piensa que ha llegado primero y tiene ventaja sobre el campo de batalla. La información, para desgracia de Ramsés, es completamente falsa. Ramsés decide esperar al resto del ejército y ordena al cuerpo Amón avanzar hacia el campo de batalla y preparar el campamento para pasar unos días.

Como era costumbre durante la noche se torturó a los prisioneros, los cuales tras la primera sesión reconocieron que eran esclavos del rey de Hatti, eso encendió la bombilla (o la vela) en la cabeza de Ramsés al que su juventud e inexperiencia le había jugado una mala pasada y no se había molestado en corroborar que la primera versión dada por estos fuera cierta. Ordena por lo tanto otra sesión de tortura que ablanda todavía más a los beduinos que finalmente confiesan que el ejército completo de Hatti está detrás de la ciudad vieja de Qadesh. Ramsés tiene ahora un gran problema, los hititas tienen la iniciativa y solo cuenta con 4.000 hombres y 500 carros para enfrentarse a 40.000 infantes y 3.700 carros. Envía emisarios para reunir a su ejército lo antes posible. Ramsés libera a los beduinos que evidentemente corren a contar todo lo que saben al rey hitita que según los registros ataca esa misma noche mientras Ramsés aún se reunía con sus generales. Hoy día se pone en entredicho porque hubiera tenido que cruzar el río dado que se encontraba en la orilla esta, que sin antorchas y en oscuridad es un suicidio y de llevarlas hubiera alertado a los egipcios así que se supone que el ataque tuvo lugar al día siguiente, probablemente con las primeras luces.

El segundo cuerpo (P’Ra) cruza el río a paso ligero por lo que las formaciones de marcha se desmantelan por completo, seguramente con los carros en vanguardia y la infantería siguiéndolos como buenamente podían. Cuando se dirigían al norte para apoyar al cuerpo Amón una columna de carros hititas en misión de reconocimiento surge a la carga por el flanco derecho. Los hititas se han encontrado con la P’Ra por pura casualidad cuando reconocían el terreno y ven la oportunidad clara, arrollan el flanco derecho de la P’Ra que si ya de por si la formación de marcha hace la defensa de un ataque semejante muy difícil si encima está desbaratado lo convierte en imposible. El cuerpo P’Ra es aplastado y los carros e infante superviviente corren a reagruparse con el cuerpo Amón.

Mientras, en el campamento, las tropas del cuerpo Amón esperaban en formación, un muro de escudos rodeaba el campamento del faraón y mientras llegaban los superviviente del cuerpo P’Ra los vigías daban la voz de alarma. Una gran formación de combate formada por carros e infantería se lanzaban al ataque del muro noroeste. Aunque los soldados ponen todo su empeño en detener el ataque, el ímpetu de los carros rompen el muro de escudos y entran en masa en el campamento egipcio, el tumulto de carros y soldados junto con las tiendas y los pertrechos frenan a los carros hititas que se ven envueltos en un combate cercano en el que pierden su ventaja. Ramsés organiza la defensa, se sube a su carro con su arco y su armadura con la llamativa corona azul para que se le vea bien insufla valor a sus tropas. Junto con su guardia sale del campamento por la puerta este y rodea por el norte para atacar a las tropashititas que se encontraban trabados en la brecha, las moral hitita se quiebra y salen en desbandada, la moral de los supervivientes de los cuerpos P’Ra y Amón flaquea también. Mutawalli, el rey Hitita, ve peligrar la batalla, ordena los nobles que estaban con el armarse y atacar por el flanco este el campamento egipcio para hacer volver al cuerpo de Ramsés que perseguía a sus carros y así reagrupar a las tropas y lanzarse de nuevo al ataque. Así pues la exigua tropa se lanza al ataque y logra su objetivo, Ramsés da la vuelta para proteger el campamento.

Las tropas hititas se reagrupan y cuando parecía que la zozobra era total para Egipto dado que sus tropas se batían en retirada sin orden ni concierto, aparece milagrosamente una gran tropa de carros e infantería pesada por el norte. Son los ne’arin amorreos que se lanzan en ofensiva sin dudarlo, las tropas frescas amorreas aplastan a los maltrechos hititas y Mutawalli se ve obligado a retirar lo poco que queda de su grandioso ejército. Mutawalli sabiamente envía una delegación para negociar una tregua con Ramsés. Mutawalli salió beneficiado ampliamente en la tregua pactada y los territorios de Qadesh se sublevaron de nuevo contra Ramsés y se tardó años en devolverlas al poder egipcio. Mientras Ramsés como castigó acusando de cobardía a las tropas de los cuerpo Amón y P’Ra, a pesar de que habían combatido más allá de lo que el deber ordena, escogiendo a un superviviente de cada diez y ejecutándolos.

A la batalla le siguió una guerra fría entre ambas naciones haciéndose la guerra mutuamente a través de sus estados satélite, se podría decir que la historia de la guerra es muy parecida en todas las edades.

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