Los navíos de línea

Se llama navío de línea a los buques de combate surgidos después de los galeones, se denominan así por la formación más típica que adoptaban las escuadras, con los buques alineados uno detrás de otro buscando una mayor potencia de fuego. Eran buques de tres palos de velas cuadradas, con dos o tres cubiertas de artillería.

 

 

A diferencia de los pesados y torpes galeones con grandes castillos de proa y popa, los navíos de línea pierden estos de manera que son de perfil relativamente más bajo y más susceptibles al abordaje, de manera que su estrategia de combate se basa en el bombardeo a larga distancia y usa el abordaje como último recurso, naturalmente antes de ellos solían usar una descarga de metralla a corto alcance que despejaba de marineros e infantes de marina la cubierta enemiga. Los buques de línea debido a su gran tamaño solo eran aptos para combates a gran escala, por ello necesitaban de fragatas para tareas de hostigamiento o reconocimiento.

 

 

Normalmente no montaban menos de 74 cañones pero en la armada española dada la imperiosa necesidad de buques y la mermada industria se redujeron en muchos casos a buques que llevaban 60 cañones y eran un poco menores con mayor velocidad y maniobrabilidad. También se usaban buques rebajados, concebidos inicialmente como un dos o tres cubiertas al que por problemas de peso, daños en combate y demás se eliminaba una de ellas.

 

 

Su forma abombada de las cubiertas inferiores se debe en gran parte a que le proporcionaba una mayor estabilidad, también se montaban las baterías de calibres más pesados en las cubiertas inferiores para evitar que el fuerte retroceso balanceara el buque y lo hiciera zozobrar. Con la invención del motor a vapor muchos navíos de línea fueron dotados o fabricados con uno, pero debían reforzar sus cascos, cualquier impacto en la caldera podría hacerlos explotar.

 

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