El día ha comenzado

El enorme virote bajó a gran velocidad llevándose a tres hombres que se encontraban en lo alto de la empalizada de madera, el crujido de huesos machacados fue tapado por el desgarrador grito de los hombres alcanzados. El siguiente virote golpeó con fuerza uno de los maderos de la débil defensa bárbara que se partió y una gran sección de empalizada se vino abajo en avalancha dejando una pequeña brecha. Apenas se había disipado el polvo levantado cuando guerreros bárbaros cubrían la herida abierta en su muralla, sus largos escudos hexagonales les protegían casi por completo.

Suena la trompa y la Segunda cohorte avanza al trote, el equipo parece pesar más que de costumbre, la armadura de cota de malla, el escudo, el gladio, incluso la ropa parece pesarle hoy a Marcio más de lo normal. Orden de carga, la cohorte aprieta el paso, llueven frámeas y dardos, pero no se da la orden de formar en testudo así que cada legionario se esconde tímidamente tras su escudo mientras continúa corriendo. A corta distancia la cohorte baja el ritmo y al toque de la trompa, al unísono cargan el brazo y lanzan los pilum, acto seguido recuperan el ritmo de carga mientras desenfundan los gladio. El hombre que se encuentra delante de Marcio cae con un dardo en el ojo, Marcio reprime una arcada y adelanta una fila para cubrir el hueco dejado por el caído, ahora está en tercera fila, no le agrada la idea, esta deseando acabar la batalla.

La cohorte se estrella contra el muro de escudos bárbaro, parece que los pilum no han hecho mucho daño y la formación permanece intacta. El choque de escudos y acero resuena en todo el campo de batalla, la primera fila de legionarios sale muy maltrecha, las lanzas bárbaras han frenado la carga pero ahora en combate cercano no son igual de efectivas, en cambio los cortos gladios romanos son perfectos y los bárbaros empiezan a caer. Marcio mira a un lado y a otro pero apenas ve otra cosa que no sean cascos, un grito le devuelve a la realidad, el hombre que le precede cae con el cuello seccionado, “mierda” piensa, no tiene ni idea de como ha llegado a la segunda fila y ahora debe cubrir el hueco dejado en la primera.

Marcio cubre el hueco antes de que un bárbaro enorme con una espada gigantesca consiga romper la formación, no lo piensa y entra decidido en el hueco dejado por su compañero justo en el momento en el que el bárbaro baja su espada, están tan cerca que el gigantón mide mal y le golpea con la guarda en el casco, Marcio reacciona y lanza un estocada al costado izquierdo de su oponente, la punta del gladio entra entre dos costillas, el gigante se dobla y Marcio le clava su gladio en el hueco clavicular, un chorro de sangre salta al extraer el arma y el bárbaro se desploma. Un golpe en el escudo, otro, y otro más, ve a una mujer bárbara golpeando su escudo con ira, lanza una estocada directa a su cuello que alcanza la garganta de la mujer, vuelve a orientar el escudo al frente, suena un toque de silbato, la fila de detrás releva a la de Marcio que retrocede al final de la formación, le arden los pulmones y los brazos le pesan, el día acaba de comenzar.

El legado contempla la batalla, su legión solo ha abierto una brecha en la muralla de madera, necesita otra, mientras una cohorte se afana en lograr forzarla el resto intentan abrir más vías de entrada, el día acaba de comenzar, el día va a ser largo…

Un grupo de zapadores se esforzaba al pie de la empalizada, movían lo azadones rítmicamente y sin pausa debajo de una pequeña galería con ruedas que se había empujado hasta allí. Flechas, venablos y todo tipo de armas arrojadizas erizaban el techo, un líquido viscoso empezó a gotear de improviso, uno de los zapadores nota que un chorro de líquido negruzco cae sobre su cabeza, se palpa y observa sus dedos manchados, no le da tiempo ni a gritar cuando todo se incendia, los agujeros producidos por las armas punzantes han permitido que la galería al completo arda, tanto por encima como en el interior, hombres en llamas salen gritando de su interior mientras los aguadores intentan apagarlos ellos y a la galería.

El legado patea la tierra con rabia.

-Mi yelmo, que se preparé la primera cohorte, iré yo mismo.

-Domine…-el agregado que los senadores le habían asignado respondió con timidez- su deber es con todo la legión… arriesgarse personalmente no… es… adecuado.

El legado le dirige una mirada de soslayo y con paso firme se dirige hacia donde forma la primera cohorte todavía fuera del alcance de las flechas y hondas enemigas.

Marcio sudaba como nunca en su vida, sacudía su brazo derecho intentando relajar el ardor que le atenazaba el hombro. Volvía a encontrarse en tercera fila, el resto de descanso le había venido bien pero se le había hecho muy corto. Una jabalina impactó fuertemente en su escudo, sobresaltado dió un respingo, la punta había traspasado el escudo así que no le quedó más remedio que partir el asta que sobresalía. Nuevo toque de silbato y otra vez avanza de fila. Parece que la marea de bárbaros no tiene fin, saben que si la cohorte asegura la brecha toda la legión entrará en la aldea. En un parpadeo el silbato vuelve a trinar y Marcio se sitúa de nuevo en primera línea, no le da tiempo casi ni a formar cuando le llega la primera estocada, el cansancio pesa y aunque consigue desviar la larga espada enemiga con su gladio cuando el bárbaro retira su arma consigue cortar en el brazo, la ira producida por el dolor invade a Marcio y golpea con el canto del pesado escudo romano la cara de su oponente, dientes y sangre vuelan, lanza el gladio al pecho desnudo del bárbaro que con un estertor se derrumba. Marcio ha roto filas, fuera de la formación está vendido, la cólera y la ira le han cegado, y sabe que la cohorte no avanzará a buscarle. Se defiende como un animal y se ha convertido en el centro de un torbellino al que cada vez que se acerca un enemigo cae abatido.

El legado avanza con la primera cohorte hacia la brecha abierta en la empalizada, en ella su legión se ha estampado contra un muro de carne pero parece que hay progresos al fin. En lo alto del terraplén producido por el desprendimiento de los maderos un legionario ha abierto un hueco y el solo se enfrenta a una horda de bárbaros. “Maldito loco” piensa, pero no puede dejar de admirarlo, la acción de ese hombre ha desmoralizado a los defensores y van perdiendo terreno por fin…

Marcio da un tajo horizontal, la cabeza de un germano pelirrojo con dos largas trenzas queda colgando hacia atrás sujeta solo por la columna, inmediatamente alza su scutum para detener el golpe de un gran hacha de dos filos, siente el golpe en todo su cuerpo, pero Marcio ha de reponerse rápidamente y lanza una estocada a otro bárbaro que alcanza en el estómago, la punta del gladio asoma por el lumbar. Con un fuerte tirón extrae la corta espada romana y voltea sobre si mismo para esquivar el gran hacha que descendía de nuevo, el haca golpea el suelo a la izquierda de Marcio y el bárbaro queda vendido y Marcio aprovecha para traspasar la garganta de su enemigo con el gladio. Esta agotado, percibe su entorno a cámara lenta, oye a lo lejos el sonido de los silbatos de los centuriones y el tronar de las trompas de guerra. Un golpe, como de un puño gigantesco le devuelve a la realidad, una gran espada bárbara ha impactado contra su casco que sale volando  al soltarse el barbuquejo. Cae al suelo de espaldas con el scutum al frente contra el que impactan  varias armas a la vez, Marcio solo ve pies por lo que golpea sin pensar y alcanza los pies del bárbaro de su derecha que cae a su lado, Marcio observa la cara de su enemigo caído y le golpea la cara con el pomo del gladio, suena a huesos rotos y Marcio rueda por encima suya para librarse de una nueva lluvia de golpes, consigue levantarse y su espalda golpea contra la espalda de un bárbaro, Marcio mira de reojo y gira el gladio en su mano de manera que la hoja queda hacia abajo, golpea con furia hacia detrás y alcanza en los riñones del bárbaro, pero pierde el gladio que queda clavado en la espalda del bárbaro, acto seguido carga con el scutum al frente y derriba a otro bárbaro, agarrando el escuro con dos manos golpea su cara hasta convertirla en un amasijo de hueso y carne. Nota un dolor punzante en su hombro izquierdo, la punta ondulada de una lanza asoma por delante, la vista se le nubla, se gira pero una nueva lanza impacta contra su muslo, Marcio cae, contempla el cielo, azul, con alguna nube, todo va ahora muy despacio, escucha su propia respiración, le arden los pulmones y le palpitan las sienes. “Menuda mierda de día” piensa, un pie impacta contra su cara, la sangre brota de su nariz rota y ya apenas ve nada, vislumbra la cara de un germano que le mira mientras le muestra un puñal, algo distrae al germano que alza la cara sorprendido a la vez que una lluvia de pilum pasa sobre ellos, uno le impacta de lleno en la cabeza. Marcio respira cada vez peor y el hilo que le une a la consciencia se hace muy fino, antes de desmayarse consigue ver algo, una pierna, con su pie, con su sandalia de clavos….

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