Un joven astur

El camino hacia Bergdunum no estaba siendo fácil, al calor estival y el dificultoso paso de montaña se les sumaba la sorpresa de cuatro bandidos salidos de la nada. Nicer no había sido capaz de prever la emboscada, a pesar de que había oído la algarabía que montaron los bandidos al moverse no había prestado atención pensando que eran animales. Nicer espera erguido, con la mano derecha asiendo con fuerza la empuñadura de la falcata que portaba a su costado izquierdo colgando del cinturón. La espada había sido un regalo de su padre apenas unos años antes por haberse convertido en un hombre y había sido hecha traer del este. No se veían en Lancia espadas como esa a menudo, era magnífica, muy afilada y su color plateado hería los ojos al brillar bajo el sol, un lobo enseñando sus dientes adornaba su empuñadura forrada de cuero.

Nicer era alto, con grandes brazos y un torso ancho, siempre tuvo una buena barriga que hacía que pareciera completamente cuadrado cuando se ponía la túnica. Una frondosa y afilada barba le adornaba la cara y le daba un aspecto rudo, a lo que ayudaba el pelo largo recogido en una trenza que llegaba hasta sus hombros. Era bastante presumido y le gustaba levantar grandes pesos especialmente si estaban cerca mujeres, lo que le había costado alguna que otra reprimenda de su padre, el cual afirmaba que había que ser humilde. Rara vez vestía otro color que no fuera el negro o marrón de las telas sin teñir, hasta su escudo y el penacho de su yelmo eran negros.

El más grande de los bandidos se acercó sosteniendo una gran espada, era de la altura de Nicer pero un poco más grueso y parecía más joven, aún así se le veía decidido y bravo. El atillo de Nicer, que no era pequeño, estaba tirado en el suelo dejando entrever una cota de malla, el bandido sonrió, nunca había tenido una armadura como esa.

-Mi nombre es Flao y este camino es mío, hay que pagar tributo para poder pasar.-dijo el bandido torciendo la cara en un gesto sarcástico- parece que con lo que llevas ahí será suficiente.

Nicer atrasó el pié derecho mientras seguía sosteniendo su arma pero sin desenfundar, su padre y su tío llevaban media vida entrenándole como guerrero, no iba a permitir que cuatro rufianes le robaran su equipo. Además debía llegar a su destino a entregar un mensaje.

-¿Se les olvidó a los dioses darte lengua?-el gesto de Flao era ahora hosco.- danos lo que lleves ahí.

-Si el miedo te dejara ya habrías venido a por ello.

Un gesto de rabia nubló la cara del bandido pero antes de que reaccionara uno de sus secuaces salió de entre los matojos a la derecha de Nicer, el esbirro de Flao se ha dejado llevar, lanza una estocada con su venablo pero Nicer lo esquiva fácilmente dando un paso a su izquierda y mientras lo hace desenvaina elevando el brazo, el venablo pasa rozando el costado de Nicer el cual golpea con furia el brazo del bandido con la falcata, suena a hueso roto y el brazo del bandido cae al suelo. Con mirada atónita el bandido mira su muñón del que mana sangre a raudales, apenas ve venir la falcata de Nicer que se clava en su cuello.

Los bandidos no salen de su asombro, su compañero yace en el suelo con la garganta seccionada y un brazo a medio metro, cegados por la ira cargan a la vez, ahora Nicer no espera, se lanza a por el más cercano, como un toro, con la cabeza agachada, y le placa mientras le clava la falcata en el costado. Caen al suelo juntos pero el bandido nunca más se levantará, Nicer se levanta con un brinco y derriba con el hombro izquierdo a Flao quien no ha calculado bien la distancia, Nicer se gira ahora hacia el otro bandido que le mira asustado, no parece ser muy mayor, apenas un niño, menos de dos metros les separan y el bandido tiene ventaja, la lanza que porta le permite mantener una distancia prudencial con su oponente, pero es un pobre aficionado y Nicer ni siquiera se lo piensa, de un golpe de falcata desvía la lanza que le apuntaba al pecho y entra en distancia corta, agarrando con fuerza el cuello del bandido a la vez que este que suelta la lanza y desenvaina un pequeño puñal que no le da tiempo a usar, Nicer le apuñala con furia repetidas veces el vientre. Mientras Flao se ha recuperado y mira con odio a Nicer, corre hacia él y empieza a descargar golpes sin ton ni son, unos son esquivados fácilmente y otros desviados con rápidos movimientos de la falcata, Flao deja huecos en su defensa pero Nicer está disfrutando, tanto que baja la guardia y aunque esquiva un golpe vertical destinado a su cabeza el recorrido de la espada de Flao se lleva un pequeño trozo de su oreja. Nicer enfadado consigo mismo devuelve un brutal puñetazo a la cara de su rival que se tropieza y cae de culo soltando su arma, Nicer se lanza a por él y sentado en su pecho le golpea una y otra vez con la empuñadura de su falcata.

-Necio, necio, necio, necio…- susurra mientras le golpea.

Flao pierde el sentido, Nicer se asegura de que sigue vivo y suspira sentado en el pecho del bandido.

-¿Que se supone que hago ahora contigo necio?- le pregunta al cuerpo inerte de Flao, mientras limpia la hoja de su arma en los ropajes del bandido.

Enfunda lentamente la falcata y decide esperar que el bandido vuelva a su ser. Se levanta suspirando y recoge su atillo que deja cuidadosamente a un lado del sendero, recoge también a Flao al que deja apartado del camino, pero no tan delicadamente como su atillo. Después junta a los tres caídos en un pequeño montón y les cubre negligentemente con un poco de hojarasca y tierra. Se deja caer exhausto a un lado de su atillo y mira al bandido. “En fin” piensa y encoge sus hombros en un gesto de condescendencia, acto seguido su mente pasa automáticamente a su entretenimiento favorito, repasar mentalmente a todas las mujeres de Lancia, o al menos todas las que conoce…

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