Honderos Baleares

A lo largo de los siglos los soldados de la Península Ibérica han sido admirados, cuando luchaban en el propio bando, y temidos, cuando luchaban en el del enemigo. Una de esas unidades sobresalientes que se forjaron en tierras hispanas fueron los honderos baleares.

La primera vez que se les nombra en los registros es en el siglo IV a.C. en el contexto de la Tercera Guerra Siciliana.

Apenas llevaban protección, un escudo de cuero y poco más, ni armadura, ni yelmo, ni grebas. Llevan como armamento tres hondas, atadas a cabeza y cintura, cada una de una longitud dependiendo del alcance necesario. También solían llevar una pequeña lanza y un puñal. Las temibles hondas están hechas con fibra vegetal, crines, tendones y nervios de animales, todo ello trenzado.

Su misión en combate es bien simple, diezmar y castigar al enemigo a distancia, de ahí su pobre armadura y armamento cuerpo a cuerpo. Las hondas tienen más alcance que los arcos y además sus proyectiles rompían y astillaban los escudos. Una vez que el enemigo estaba demasiado cerca se retiraban tras la protección de la infantería de melé. No solían participar en los combates cercanos pero cuando no les quedaba más remedio eran duros contrincantes.

Hombres duros, entrenados desde bien pequeños en el manejo de la honda, se decía que para comer sus propias madres les ponían el pan en un poste y no podían comerlo hasta antes acertarle con un proyectil.

Sirvieron casi siempre como mercenarios, durante las guerras greco-púnicas sirvieron en el bando cartaginés, así como durante las guerras contra Roma, Anibal tenía muy en consideración estas tropas y las protegía como si fueran sagradas, cierto es que durante la guerra en Italia fueron tropas indispensables e insustituibles en el caso de perderlas. En el 123 a.C. Roma comenzó la conquista de las Islas Baleares y para tan pequeño territorio tardó dos años en pacificarlo. Pasaron entonces los honderos baleares a servir en las tropas auxiliares romanas y participaron activamente en las campañas de Julio César en la Galia y en las invasiones de Britania, tanto en la expedición de César como en la invasión del emperador Claudio.

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