Solo los recios, solo los fuertes. El hoplita espartano

Entre los siglos VI a.C. y el IV a.C. surgió la gran leyenda militar de occidente, el soldado espartano.

 

 

Hasta el siglo VIII a.C. Esparta no era más que un enclave a orillas del rio Eurotas. Surge entonces la figura de Licurgo, a quien se le atribuye la militarización de Esparta pero se desconoce si realmente existió, y reforma la constitución y sociedad espartana por completo. Dividió la sociedad en tres, los hilotas eran los más numerosos y la casta más baja de la sociedad, se componía de los pueblos subyugados por Esparta. Eran siervos al servicio del estado adscritos a unas tierras que debían cultivar y no podían ser vendidos, podían casarse entre ellos libremente y daban una parte se su producción como impuestos. Los pereicos eran la casta media, ciudadanos libres pero sin participación en el gobierno, se dedicaban al comercio y la artesanía. La élite de la sociedad y los menos numerosos eran los homoioi (los iguales) ciudadanos espartanos de pleno derecho. Cada homoioi tenia adscritas unas tierras y unos hilotas, que no podía vender y se encargaba de sus supervisión y cobro de impuestos, eso les daba tiempo para dedicar todo su tiempo a la instrucción militar. Además para mantener controlados y subyugados a los hilotas todos los años les “declaraban la guerra”, es la krypteia, y en ella los jóvenes espartanos tenían que “estrenarse” matando a un hilota.

 

 

Todo en la sociedad espartana estaba controlado por el estado, había leyes que limitaban la riqueza de cada ciudadano, de esta manera en la teoría todos eran igual de ricos. Todas las casas espartanas tenían los mismos objetos, todos ellos nivel funcional, casi sin decorar. Desde que nacía el niño el estado comenzaba su riguroso control, sometía al niño a un riguroso examen, si el niño era raquítico o enfermizo se le arrojaba a un barranco al pie del monte Taigeto. A los siete años se separaba de su madre y se encarga el estado de educarlo, comienza la agogé. Las condiciones son extremas, se obliga al niño a robar para comer, si se le pilla es castigado, se le obliga a luchar, y se le somete a duras maniobras de supervivencia abandonados a su suerte en el campo. Descalzos y solo se les suministra una túnica al año, es su única vestimenta hasta finalizar la agogé, si no la termina no será ciudadano de pleno derecho, lo cual no es un impedimento grave porque el que no finalizaba la agogé era normalmente porque moría. Finalizaban su educación a los dieciocho años estrenando sus habilidades durante la krypteia.

 

 

Las niñas también eran entrenadas y educadas duramente. Tenían su propio entrenamiento físico y su objetivo era parir nuevos espartanos. Su educación finalizaba a los 14 o 15 años, momento en el que se casaban con un soldado. Todo ello dió lugar a una sociedad bélica, hermética y profundamente nacionalista.

Durante su época de esplendor el soldado espartano combatía al estilo hoplita, formaba una falange compacta donde cada hombre cubría al de su izquierda con su escudo. Armados con lanzas de entre 1,8 y 2 metros, espadas cortas y protegidos por una armadura de bronce. Portaban también el típico escudo hoplita.

 

 

Hacían la guerra anualmente, casi a modo de maniobras de unificación. Sus ejércitos los mandaban dos reyes, al estilo de los cónsules romanos, y cada uno tenía una guardia personal de 300 hombres. Apenas tenían caballería, y menos aún infantería de proyectiles que normalmente eran levas de hilotas y pereicos, los espartanos veían el uso de armas de proyectiles como deshonesta. Y su flota era también bastante exigua.

La constitución espartana permaneció intacta durante 500 años, su determinación a combatir hasta la muerte, su fuerza y valor en combate crearon la leyenda del soldado perfecto, un soldado que es difícil de comprender en su totalidad sin comprender su sociedad. Se ganaron dicha fama a pulso, hechos de armas como los de las Termópilas o Platea les consagraron como héroes.

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